Archivo mensual: julio 2015

Treblinka

El autor nació en 1914 en la ciudad de Lodz, Polonia. Cuando las tropas de Hitler invadieron el país, Rajchman era un joven de 25 años. Siendo el mayor de cinco hermanos, huyó de la ciudad con su hermana. Ambos fueron detenidos en octubre de 1942 y deportados a Treblinka. Ella fue enviada directamente a la cámara de gas, y él obligado a participar en la matanza (rapando el pelo de las mujeres, separando cadáveres entrelazados en la cámara de gas, buscando oro en sus dentaduras…)VIC102

El relato es sencillamente escalofriante. Recomiendo su lectura. Es más, recomiendo su re-lectura en tantas ocasiones como sea necesaria. No podemos, no debemos olvidar la barbarie que allí tuvo lugar.

Participó en el levantamiento del campo (agosto 1943) y fue uno de los 57 supervivientes. Gracias a su testimonio, junto al de otros pocos más, se consiguió que los nazis no lograran borrar definitivamente las huellas de sus crímenes, tal y como habían planificado. Caminar hoy en día por el campo de Treblinka, conociendo los detalles de lo sucedido, es sobrecogedor.

En 1946, Rajchman emigró a Uruguay, donde se casó y formó una familia. Murió en 2004. Entre sus últimas voluntades figuraba que sus memorias de Treblinka, conservadas durante años, fueran publicadas.

Esta edición incluye, como epílogo, el texto de Vasili Grossman en el que cuenta detalladamente cómo funcionó la maquinaria de destrucción del infierno de Treblinka.

Autor: Chil Rajchman

Editorial: Seix Barral

Año: Enero 2014

Páginas: 238

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Sin flores ni coronas

Descubrí “Sin flores ni coronas” paseando por la Feria del Libro de Madrid, en junio de este año. Y, tras leerlo de un tirón, me cuestiono cómo es posible que Odette Elina no sea más conocida (rehuyo del término “popular” cuando hablamos de la Shoah). Su testimonio es único. Sus dibujos… maravillosos. Sin flores ni coronas

Está escrito con rapidez, nada más salir del campo, gracias a recuerdos… lo que le permite su delicada salud. El valor de su texto reside precisamente ahí: no se ha visto distorsionado por la influencia del tiempo.

Narra con crudeza todas las imágenes que le llegan a la cabeza, alejándose de un tono dramático. Es más… el texto resulta hermoso y casi poético. A veces, un capítulo se resume en un pensamiento, en una frase, en un doloroso hecho. Con ello, Odette consigue que el lector elimine la necesidad de recibir un relato exhaustivo y la sustituya por una dulce manifestación de duros hechos, relatados de manera directa y sin adornos.

No es un Diario como otros. De hecho, yo diría que es completamente diferente a los demás: alguien tan especial que habla de la bondad de las personas que le rodean en esas circunstancias y que aborda el comportamiento no solidario como algo perdonable inherente a la condición humana.

No hay palabras de venganza. No hay maldad en sus recuerdos. Lentamente detalla cómo fueron reducidos a seres infrahumanos, peor que animales, y de este modo consigue revelarnos cómo es el infierno.

Lo que más echo en falta es un mayor detalle de sus dibujos, de altísima calidad. Deberían publicar una reproducción de todos ellos a tamaño real. Sin duda.

Hasta su fallecimiento, en 1991, Odette Elina se dedicó en cuerpo y alma a dar testimonio. Leyendo su breve obra, tengo claro que debió ser una mujer muy especial.

La portada de esta edición muestra 3 grandes chimeneas. A todo aquel a quien he preguntado, me ha respondido que seguramente serían los hornos crematorios. Nada más lejos de la realidad. Se trata de las cocinas del campo Auschwitz I.

Autor: Odette Elina

Editorial: Periférica

Año: Noviembre 2014

Páginas: 121


Los últimos españoles de Mauthausen

Muy lejos de la abundante bibliografía de supervivientes polacos, alemanes, franceses, etc… cabe destacar que, en España, contamos con algunos testimonios muy interesantes. Todos ellos de la mano de republicanos españoles que, al perder la Guerra Civil, se vieron obligados a abandonar su país, sus casas, sus familias…ESP013 No podían imaginar que iban a ser los franceses quienes les recluyeran en los primeros campos de concentración y que, más tarde, iba a ser el Gobierno francés quien les entregaría a las fuerzas de ocupación nazis.

Ahí comenzaba un terrible episodio en la vida de estos españoles “con nacionalidad no reconocida”. Varios de estos testimonios ya aparecieron en este blog. Con mayor o menor fortuna, pues en algunos de ellos la balanza entre hechos sucedidos en el campo e ideario republicano, caía claramente hacia este último lado.

A diferencia de los supervivientes de otros países, la neutralidad deseada para una exposición de los terribles hechos vividos o padecidos se ve continuamente salpicada de comentarios reiterativos contra un régimen político afortunadamente desaparecido. Me explicaré mejor: el turinés Primo Levi no arremete, una y otra vez, contra el colaboracionismo de su país, y, sin embargo, detalla a la perfección, con una dolorosa neutralidad, lo vivido.

Por ello, considero que este maravilloso compendio de Carlos Hernández de Miguel es un deber cumplido. Un deber para con los españoles que pasaron por los temibles campos de Austria.

Estupenda recopilación de testimonios, ubicados en un orden cronológico necesario. La inserción de los diferentes informes al final de cada uno de los capítulos hace aún más cómoda su lectura. Sin duda se ha convertido en un libro de referencia para quienes quieran asomarse al mundo concentracionario español, al horror de aquellos 186 escalones que separaban el campo de la cantera.

Siempre he reconocido que Mauthausen fue uno de los campos que más me impactó. Ahora me siento deudor con Ebensee y Gusen, visitas obligadas para este año. Magnífico trabajo. Sin duda, un libro que leeré en más de una ocasión y al que acudiré como consulta.

Autor: Carlos Hernández de Miguel

Editorial: Ediciones B

Año: Febrero 2015

Páginas: 568


Visita al campo de concentración de Terezín (pequeña fortaleza)

Aunque están muy cerca uno del otro, Terezín (o “Pequeña Fortaleza”) en poco o en nada se parece al ghetto de Theresienstadt.

Finalizadas en 1784, el diseño de ambas es el de una ciudadela fortificada. Detrás de sus enormes murallas había alojamientos para soldados, caballerizas, familias y civiles. Pero al lado de la fortaleza principal se construyó otra más pequeña (rodeada de un profundo foso) que servía de prisión militar. A principios del siglo XIX se encerraba allí a los opositores políticos de la Casa de Habsburgo.Terezin_016

Entre sus reclusos, cabe destacar a Gavrilo Princip, el autor material del asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo (en 1914), que desencadenó la I Guerra Mundial. Tenía la reputación de ser una de las peores cárceles del Imperio Austrohúngaro, pues a los presos se les encadenaba en mazmorras frías y húmedas.

Durante la II Guerra Mundial, la Pequeña Fortaleza se utilizó con propósitos mucho más terribles. Mucho más impresionante que la del ghetto, su visita debe ser realizada, sí o sí, con guía (cosa que no me hacía en principio especial gracia, porque dependes completamente del grado de preparación y las ganas de compartir con el grupo que tenga esa persona). Se debe abonar entrada y se paga un extra por la cámara de fotos (algo incontrolable hoy en día, con la aparición de los smartphones). Yo aconsejo esconder, al principio, la cámara de fotos.

Existe un importante cementerio a la entrada, dominado por una imponente Estrella de David realizada con raíles de tren. Poca gente se percata de ello.

Debido a las terribles inundaciones de agosto de 2002, el agua alcanzó varios metros de altura y se echaron a perder documentos y artículos de la exposición permanente, y lugares populares de la pequeña fortaleza (como la puerta donde se indica “Arbeit macht frei”) quedaron destrozados. Hasta hace poco han estado trabajando lentamente en la recuperación del monumento. Falta de presupuesto, argumentan. Es fácil comprobar qué partes son nuevas, por el enfoscado impecable de las zonas restauradas, frente al resto, bastante destrozado.Terezin_040

Armarios, literas, retretes, estufas, duchas, lavabos, espejos… todo ha quedado como entonces. Impresiona pasear junto al muro de los fusilamientos, la horca… Aunque viendo las fotografías que tomé en mi visita, uno se puede hacer una idea de lo claustrofóbico que suponía, para los prisioneros, la condición de estar recluido en una prisión, añadido a la condición de antigua fortaleza militar.

He de reconocer que mi experiencia con la guía fue muy buena, aunque si aún estás dentro del horario de apertura, aconsejo un paseo por libre (tras la visita) para tomar todas las fotos que necesites.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

https://www.dropbox.com/sh/mnq787tin415tuu/AAAlFEdx6yqZ6ekHjPLQr9Ada?dl=0


Visita al campo de concentración de Dachau

Apenas a 13 kms. al noroeste de Munich se encuentra el campo de concentración de Dachau (inaugurado el 22 de marzo de 1933), el primer campo de concentración nazi, que sirvió como modelo para todos los que le siguieron. Junto a Sachsenhausen (al norte de Berlín) es uno de los más visitados en Alemania. Allí fueron recluidos principalmente religiosos, aristócratas, intelectuales y políticos contrario al régimen. Dachau es más conocido por los miles de experimentos médicos realizados con prisioneros (llegando a menudo a la muerte o al asesinato de los mismos). Dachau_046

En barracas situadas de manera organizada a lo largo de un camino central, más de 200.000 prisioneros de más de 30 países fueron recluidos en Dachau. Se estiman 41.500 personas asesinadas en el campo, aunque miles más murieron por las pésimas condiciones de vida. La epidemia de tifus a comienzos de 1945 motivó una evacuación en la que murió la mayoría de los prisioneros.

Junto al Campo Principal, está claramente separado el área del crematorio (creado en 1942). Además del viejo crematorio existe un crematorio nuevo (barraca X) con una cámara de gas. Todo se mantiene como entonces: torres de vigilancia, alambradas… Cuando uno llega al crematorio y se encuentra frente a él, es necesario detenerse y respirar hondo.

Dachau sirvió como campo principal para albergar prisioneros religiosos como, por ejemplo, Testigos de Jehová, (que portaban triángulos púrpuras en sus uniformes de prisioneros), y que se oponían, hasta las últimas consecuencias, a la ideología nazi. Según datos de la Iglesia Católica, al menos 3.000 religiosos, diáconos, sacerdotes y obispos fueron recluidos allí. En total, fallecieron en Dachau 1.034 personas con cargos religiosos.

El sacerdote alemán Josef Kentenich, fundador del movimiento apostólico de Schönstatt, durante su reclusión (voluntaria) se las ingenió para enviar noticias al exterior, documentando gran parte de lo ocurrido en el día a día en Dachau.

Un famoso personaje que estuvo allí recluido fue el psicólogo Victor Frankl, fundador de la Logoterapia. Tras ser liberado, escribió la famosa obra “El hombre en busca de sentido“, en la cual relata su experiencia desde el punto de vista de un psicólogo. Imprescindible lectura.

Dachau también acogió a numerosos miembros de la nobleza (familia real de Baviera, la familia de los duques de Hohenberg, el príncipe español Francisco Javier de Borbón-Parma…)

Fueron terribles los experimentos con prisioneros realizados por el médico militar Sigmund Rascher, cuyo objetivo era mejorar la capacidad de supervivencia de los pilotos alemanes en condiciones extremas (hipotermia y altitudes extremas). Rascher engañó a Himmler creando una falsa familia aria, aprovechándose así de prebendas y regalos. Fue ejecutado en el mismo campo por orden de Himmler, el temible jefe de las SS.

El campo fue liberado el 29 de abril de 1945 por la 20ª División Blindada y la 45ª División de Infantería del VII Ejército de Estados Unidos.

Actualmente el Campo de concentración de Dachau es un Museo Conmemorativo. En los años 1996-2003 se abrió una exposición sobre la historia del campo de concentración titulada “El camino de los reclusos”. Este museo cuenta con 22 zonas, 21 de ellas abiertas al público en general y sólo la zona del antiguo campo de las SS es inaccesible. A lo largo del recorrido se intenta recrear la vida de los reclusos durante su estancia en el campo.

A pesar de que apenas quedan barracas en pie, en el campo cabe destacar:

  • El complejo de intendencia (cocina, guardarropas, talleres y baño). Sobre el tejado del edificio estaba escrito con letras grandes: “Hay un camino hacia la libertad: éste pasa por la obediencia, la honestidad, la limpieza, la sobriedad, la aplicación, el orden, el sentido de sacrificio, la sinceridad y el amor a la patria”. Hay un gran cartel que permite ponerse en situación (ver foto abajo). Dachau_009
  • El búnker (o la prisión) es un lugar donde aún se respira el terror. Ahí tenían lugar la mayoría de experimentos y torturas a los reclusos. Entre los más notorios, las infecciones intencionadas de malaria.
  • El campo de tiro de las SS, en el que más de 4.000 prisioneros de guerra soviéticos fueron ejecutados.
  • Las fosas comunes de Leitenberg: antes de la liberación del campo, los muertos no pudieron ser incinerados por falta de carbón y más de 7.500 cadáveres fueron enterrados en este lugar.
  • El bloque de los sacerdotes, en el que se encontraban todos aquellos reclusos pertenecientes al clero.

En noviembre de 2014, siguiendo el ejemplo del rótulo situado a la entrada del campo de Auschwitz, fue robada la puerta de entrada al campo. Según me cuentan amigos que acaban de visitar el campo, la puerta está de nuevo allí. ¿Original? ¿Copia? Aún no lo sé.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

https://www.dropbox.com/sh/skgwm17nhirhff0/AAC2o3SX1dyI3eQ_YRU5Gv7Da?dl=0