Archivo mensual: noviembre 2014

Visita a la prisión de Plötzensee

La prisión de Plötzensee data del siglo XIX y se construyó fuera de los límites de Berlín. Su principal objetivo era conseguir la rehabilitación de sus internos, y no su utilización ni explotación como mano de obra (como ocurrió en otros campos). Los internos eran convictos sentenciados a cortas penas, bajo condiciones menos severas. El recinto acogía a unos 1.200 internos, y el complejo incluía la prisión, la administración, talleres, la enfermería, la capilla, alojamientos para los guardianes y zonas verdes.Plotzensee_005

Antes de la llegada del nacionalsocialismo, un total de 36 personas, convictas de asesinato, fueron ejecutadas en el patio de la prisión. Muy pocas para lo que habría de suceder. Tras la llegada de Hitler al poder, 2.891 personas fueron víctimas de ejecuciones judiciales durante los 12 años de terror nacionalsocialista (desde 1933 a 1945). A medida que pasaban los años, la disciplina de la prisión se iba volviendo cada vez más dura. El sistema penal nacionalsocialista se centraba en la disuasión y la reeducación de los disidentes políticos.

La prisión fue utilizada como recinto para personas que estaban a la espera de juicio por cargos políticos. Estos casos eran cada vez más numerosos, tanto ante los Tribunales Especiales nazis, creados en 1933, como ante los Tribunales Populares, creados en 1934.

Aproximadamente el 50% de los ejecutados eran alemanes, la mayoría de ellos sentenciados a muerte por actos de resistencia contra el Estado. Sin embargo, las víctimas del sistema judicial nazi en Plötzensee también incluían a muchas personas acusadas de delitos menores: extranjeros convictos de algún crimen (677 presos ejecutados procedentes de Checoslovaquia, 253 de Polonia, y 245 de Francia). Solían ser miembros de organizaciones pertenecientes a la Resistencia.

En septiembre de 1943, llegaron a juntarse unos 300 presos sentenciados a muerte, esperando la resolución de sus procedimientos de clemencia. Después de una queja del propio Hitler ante el Ministro de Justicia, más de 250 de ellos fueron asesinados entre en apenas 5 días.

Un ataque aéreo, en otoño de 1943, dañó gravemente la prisión. El edificio de tres alas, que alojaba a los prisioneros que esperaban su ejecución, fue gravemente dañado. El exceso de población presidiaria, las insuficientes raciones de comida y la escasa atención médica, crearon unas lamentables condiciones de vida para los internos y fueron sucesivamente liberados durante la primavera de 1945. En el momento de la llegada del Ejército Soviético, el 25 de abril de 1945, la prisión estaba casi vacía.

El Memorial de Plötzensee conmemora a las víctimas del nacionalsocialismo, y lo que actualmente queda en pie es la sala de ejecuciones y una sala adyacente con una pequeña exposición que explica la práctica judicial nacionalsocialista y su sistema penal.

Aunque Plötzensee se ha convertido en un lugar de recuerdo y conmemoración de todas las víctimas de la dictadura nacionalsocialista, es muy probable que, durante su visita, usted no coincida con nadie. Es un espacio abierto, aparentemente no vigilado. Impresiona permanecer frente al muro donde eran colgados, torturados y fusilados los disidentes del régimen y el resto de presidiarios. Una sencilla barrera (formada por un grueso cordón) recuerda al visitante que no debe traspasarla, por respeto a las víctimas, y unas coronas de flores secas adornan el triste lugar.

Todas las fotografías de mi visita a la prisión están disponibles en la siguiente carpeta:

https://www.dropbox.com/sh/kdtp9jb19zuf3ko/AABdxA09l9mNBsEGBknsg2S2a?dl=0


Visita al campo de exterminio de Sobibor

El campo de Sobibor está localizado muy cerca del río Bug, en una zona escasamente poblada, junto al pueblo del mismo nombre, entre las ciudades de Chelm y Wlodawa.

La seguridad del campo era crucial para mantener el secreto del exterminio. Crearon un excelente sistema de vallado eléctrico y de iluminación alrededor del campo, con múltiples niveles de alambradas (disimuladas con ramas de pinos, que permitían esconder lo que sucedía en el interior), con una torre de observación principal en el centro del campo y varias torres de guardia rodeando el perímetro del campo. Un campo de minas de 15 metros de ancho rodeaba la zona.Sobibor_020

El campo estaba compuesto por cinco secciones principales: el Vorlager (la zona de guardia) y 4 secciones interiores, denominadas Lagers (I, II, III, IV). Cada sección estaba separada del resto y rodeada de alambradas. El Vorlager incluía la entrada principal, el ramal del ferrocarril desde la vía principal y la plataforma donde las víctimas abandonaban los trenes. La casa del Comandante se encontraba frente a la plataforma.

El Lager I, rodeado de una alambrada y un foso de agua, fue construido directamente detrás de la zona de guardia. Aquí vivían los presos judíos que daban servicio al personal de las SS: sastres, zapateros, carpinteros, mecánicos y otros servicios de mantenimiento, y aquí se encontraba la cocina para prisioneros.

El Lager II era la sección más grande, e incluía los servicios considerados esenciales para el funcionamiento del campo: con una plantilla de 400 presos, contenía los almacenes utilizados para los artículos procedentes de los presos muertos (pelo, ropa, comida, oro y otros objetos de valor). Los judíos eran desnudados, vejados, golpeados y se les hacía caminar a través de un camino rodeado de alambradas, irónicamente conocido como Himmlerfahrtstrasse (“camino celestial”), que llevaba directamente a las cámaras de gas.

En el Lager III era donde las víctimas eran exterminadas. Al entrar, descendían directamente a la cámara de gas, decorada con flores y la Estrella de David. Además de la cámara y del crematorio al aire libre, había un alojamiento para los más de 150 presos que trabajaban allí. Como las cámaras se acabaron quedando pequeñas, insuficientes para absorber las oleadas de víctimas, fueron demolidas en agosto de 1942, y fue construido un gran edificio que albergaba al doble de víctimas. Unas 500 personas entraban, a través de pequeñas puertas, señalizadas como “casa de baño”. El motor que generaba el monóxido de carbono estaba situado junto a la cámara de gas.

El personal de las SS se componía de unos 30 oficiales y la fuerza de guardia estaba compuesta por unos 120 guardias ucranianos.

El 28 de abril de 1943, un transporte de judíos polacos procedentes del ghetto de Izbica llegó a Sobibor y 40 de ellos fueron seleccionados para trabajar en el campo. Aquellos judíos llevaron las noticias del alzamiento del ghetto de Varsovia. Y así nació el espíritu para comenzar a preparar la lucha. Se creó un núcleo de conspiradores, liderados por Leon Feldhendler y por el oficial del Ejército soviético Alexander Pechersky. Los planes para escapar se dividieron en fases: preparación de los equipos de asalto, eliminación silenciosa de los guardias, movilización de todos los presos para la revuelta y la huida masiva.

El día señalado para el alzamiento fue el 14 de octubre de 1943. La huida se convirtió en una carrera hacia las puertas y alambradas. Muchos que lograron saltar las alambradas, quedaron dentro del campo de minas y murieron. Aproximadamente 300 judíos lograron escapar (de los 800 judíos que debía haber); muchos murieron durante los combates, y el resto fue recluido nuevamente en el campo. Rápidamente, las unidades militares de la zona comenzaron a registrar los bosques alrededor de Sobibor y a cazar a los huidos.

El alzamiento en Sobibor fue una de las páginas más heroicas de la historia del Holocausto. Como resultado de dicho alzamiento, el campo fue clausurado. Pero tuvo otras consecuencias trágicas. Sobibor fue citado como ejemplo del peligro que se corría y, por tanto, se decidió acelerar los planes para la liquidación de los campos de judíos en la zona de Lublin. El 3 de noviembre de 1943, con el nombre secreto de “Festival de la cosecha” (Erntefest) comenzó la liquidación de esos centros de exterminio: 10.000 judíos fueron asesinados en Trawniki, 18.000 en Majdanek, y 15.000 más en otros campos. En total, 43.000 muertos en 6 días.

En total, en las cámaras de gas de Sobibor fueron asesinados unos 260.000 judíos. Sólo 47 presos sobrevivieron a la revuelta del campo de Sobibor.

Junto al aparcamiento está el museo de Sobibor. No hay mucho que ver en él: algún resto de alambrada, unas pocas imágenes, algunos objetos y algo de información sobre la revuelta del campo. Precisamente en la conmemoración del 50º aniversario de la revuelta en el campo, se instalaron a la entrada unas placas (en inglés, polaco, holandés y alemán), que indican dicen así: “En este lugar, entre los años 1942 y 1943, existió un campo de la muerte nazi, donde fueron asesinados 250.000 judíos y 1.000 polacos. El 14 de octubre de 1943, durante la revuelta de prisioneros judíos, los nazis fueron superados y muchos cientos de prisioneros escaparon a la libertad. Después de la revuelta el campo dejó de funcionar“.

Todo el campo está plagado de árboles,  plantados después del desmantelamiento del campo. Los dos principales monumentos se encuentran en la zona donde estuvieron las cámaras de gas. El primero es un bloque de piedra que representa la estructura y sistema del proceso de asesinato, y el segundo es una estatua que representa a una mujer angustiada mirando hacia el cielo; bajo su brazo izquierdo está la cara de un niño.

Un poco más allá se llega a un pequeño claro con un montículo, en el que están las cenizas y huesos de miles de personas que murieron en el campo. Rodeando la base del montículo hay un muro de piedra que tiene una zona de cristal que contiene algunas cenizas y huesos. Éste es uno de los momentos más emotivos.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

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Visita al campo de concentración de Sachsenhausen

Este campo de concentración está ubicado al Norte de Berlín, cerca de la población de Oranienburg, y fue construido inicialmente para “reeducar” a opositores políticos, judíos, gitanos y homosexuales. Más tarde también se incluyeron prisioneros de guerra y Testigos de Jehová. Los que de allí salían vivos… pocas ganas tenían de hablar de su experiencia en el campo.

En el exterior hay una gran maqueta de metal que permite hacerse una idea de la dimensión real del mismo (pues hoy en día sólo es visitable una pequeña porción, concretamente la parte triangular). Sachsenhausen_124

Sachsenhausen comenzó a funcionar el 12 de julio de 1936, y aunque al principio eran opositores los que allí iban a parar, desde 1938 empezaron a llegar miles de judíos, más tarde polacos y, desde 1941, militares soviéticos.

Además del campo de forma triangular, con barracas situadas en forma de radios de una semirueda (con el fin de que la ametralladora en lo alto de la Torre de la entrada principal pudiera alcanzar a cualquier preso), en un extremo está el llamado “campo ruso”, donde las condiciones de vida eran aún más infrahumanas. Más de 18.000 prisioneros soviéticos fueron fusilados.

Una parte del campo que ha estado durante años reformándose, pero que por fin ha quedado abierta al público, es la Estación Z, que impresiona por ser el lugar en el que eran fusilados los prisioneros, un paredón a base de troncos de madera. Cabe destacar que todas las instalaciones de gas y los crematorios estaban en perfecto estado cuando los soviéticos liberaron el campo, pero años más tarde, inexplicablemente, fueron ellos quienes decidieron volarlos con explosivos. En la actualidad, los restos están protegidos bajo una gran cubierta.

Cerca de la entrada al campo, existe un tenebroso pabellón al que iban a parar los cadáveres y los desafortunados prisioneros a quienes se les practicaban experimentos hasta su muerte. Aún se conservan las salas de disección casi en perfecto estado, así como la sala de refrigeración de cuerpos.

Los castigos en Sachsenhausen eran especialmente duros: existía el llamado “saludo de Sachsenhausen”, que consistía en mantener durante horas los brazos extendidos al frente, estando en cuclillas. Alrededor del patio, en todo su perímetro, aún está la pista de marcha por donde un grupo de prisioneros (conocido como “el batallón de los patinadores”) tenía que andar a paso ligero entre 25 y 40 kilómetros diarios sobre una variedad de superficies diferentes, para probar la resistencia del calzado militar.

Se ha reconstruido un ala del pabellón de celdas de castigo (aislado del resto del campo). Allí destacan 3 postes de castigo en los que algunos prisioneros eran suspendidos de sus muñecas atadas a la espalda, hasta su muerte por asfixia.

En caso de intento de fuga, se ahorcaba al prisionero en la Appellplatz (plaza central de recuento de prisioneros). La horca se conserva en el museo y estaba anclada en los 2 agujeros que hay en el pequeño monumento con flores frente a la puerta de entrada.

Por experiencia propia, recomiendo no hacer uso de guías personales en ninguno de los campos. Pero en éste, en concreto, aún menos. Puedes tener la desgracia (como fue mi caso) de que la guía confunda Sachsenhausen con Auschwitz. Aconsejo entrar en todos los pabellones y bajar a los sótanos, porque es posible encontrar dibujos espectaculares realizados por los prisioneros de la cocina. Sí recomiendo el uso de audioguías (suelen pedir una pequeña fianza).

Algo curioso que ocurrió en este campo, y que fue el argumento para la película “Los falsificadores“, fue el uso de mano de obra judía para realizar falsificaciones monetarias de libras esterlinas (tratando de desestabilizar el sistema financiero de los aliados). Para ello, los nazis eligieron a famosos falsificadores, expertos en fotografía, dibujo e imagen. Aproximadamente un grupo de 140 prisioneros judíos fueron seleccionados para llevar a cabo estas operaciones y disfrutaron de algunas comodidades que el resto de prisioneros no tenía. A pesar de que era casi imposible crear réplicas de un billete, consiguieron hasta el más mínimo detalle de los billetes de libras esterlinas, y estuvieron a punto de lanzarse a por los dólares. Todo el mundo consideraba auténticos estos billetes, y por tanto circularon como si fueran dinero real.

Los archivos del campo registraron la entrada de 140.000 prisioneros durante el tiempo que estuvo en funcionamiento y quedó registrada la muerte o ejecución de unas 30.000 prisioneros, pero a esta cifra falta añadir los miles de prisioneros de guerra fusilados apenas llegaban al campo.

A Sachsenhausen fueron a parar varios cientos de republicanos españoles, entre los que destacó Francisco Largo Caballero (Presidente del Gobierno de España durante 1936 y 1937).

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

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Visita al campo de exterminio de Treblinka II

En enero de 1942, tuvo lugar la Conferencia de Wannsee, cuyo propósito fue organizar la “Solución Final del problema Judío”. Ese mismo año, con el nombre secreto de “Operación Reinhard”, fueron construidos 3 campos de exterminio: Belzec, Sobibor y Treblinka. De este modo dio comienzo un programa de exterminio que no finalizó hasta que la población judía de Polonia fue prácticamente aniquilada.

Se trataba de instalaciones secretas, y las autoridades alemanas se referían a ellas como “campos de tránsito”. Con el fin de no dejar ni huella, antes de la llegada de los aliados fueron completamente desmantelados. Lejos del circuito turístico habitual, Treblinka se encuentra a unos 80 km al noreste de Varsovia, a lo largo de la línea férrea entre Varsovia y Bialystok.Treblinka_063

En 1941, las SS crearon un campo de trabajo forzoso para judíos polacos procedentes principalmente del distrito de Varsovia (conocido como Treblinka I), para la explotación de una cantera. Más de 20.000 personas pasaron por este campo y más de la mitad murió de hambre, torturas o fusilamiento. El campo fue desmantelado en julio de 1944, cuando el Ejército soviético se acercaba. Este campo dista apenas 2 kms. del campo de exterminio y está perfectamente señalizado el camino que lleva a él.

Desde mayo a julio de 1942, el SS Odilo Globocnik se encargó de la construcción del campo de exterminio Treblinka II en una zona boscosa y poco poblada situada a 4 kms. del pueblo de Treblinka y de la estación de tren. Las operaciones de asesinato masivo comenzaron el 23 de julio de 1942.

Lo aprendido durante la construcción de Belzec y Sobibor permitió ganar en experiencia y, de este modo, Treblinka se convirtió en el campo de extermino más perfecto de la “Operación Reinhard”. La zona de exterminio estaba totalmente separada del resto del campo por su propia alambrada. La cámara de gas estaba situada en un edificio enorme de ladrillo, que simulaba una Sinagoga, en el centro de esta zona. El pasillo curvo, formado por alambradas y altas ramas, que llevaba a la zona de exterminio (llamado irónicamente por los SS “Camino al Cielo”), fue una idea ya puesta en marcha en Belzec y Sobibor.

Al principio hubo en funcionamiento 3 cámaras de gas, dotadas de motores diesel que producían monóxido de carbono (se maneja la hipótesis de que se tratara de motores de tanques soviéticos arrebatados al enemigo). Las 10 estancias simulaban una zona de duchas; pero en realidad, las tuberías introducían el gas. La muerte era muy lenta. Cuando se abrían las puertas laterales a ambos lados del edificio, varios supervivientes comentaron que los cuerpos estaban tan enredados entre sí que era imposible separarles, y que, en su suplicio, habían escalado unos sobre otros, aplastándose padres contra hijos, tratando de respirar las últimas bocanadas de oxígeno). A un lado de este edificio estaban las grandes fosas en las que otros presos debían arrojar los cuerpos.

El procedimiento era siempre el mismo: el transporte se desviaba desde la estación de Treblinka hasta el campo de exterminio. Los deportados eran sacados de los vagones y llevados a través de una puerta hasta un rectángulo de alambradas del campo. En la puerta se procedía a la separación: los hombres a la derecha, y las mujeres y niños a la izquierda. Un gran cartel, escrito en polaco y alemán, señalaba:

¡Atención, judíos de Varsovia! Están en un campo de tránsito desde donde continuarán hacia campos de trabajo. Para evitar epidemias, su ropa y piezas de equipaje deberán ser entregadas para su desinfección. El oro, dinero, divisas y joyas deben ser depositados en Caja y se les entregará un recibo. Serán devueltas posteriormente, al presentar dicho recibo. Por temas de higiene, todos los recién llegados deberán bañarse, antes de continuar el viaje”.

El procedimiento para desnudarse y la forma en que las víctimas eran transportadas a las cámaras de gas eran casi idénticas a las descritas en el campo de Sobibor.

El personal de Treblinka estaba formado por tan sólo unos 40 oficiales de las SS y 150 guardias ucranianos. Se utilizó a presos judíos en los denominados Sonderkommandos (unidades especiales); cuando estos trabajadores estaban demasiado débiles, eran eliminados y reemplazados por presos más jóvenes. El trabajo de estas unidades incluía la extracción de piezas dentales de oro de los asesinados.

La descomposición de los cadáveres enterrados en las grandes zanjas abiertas al lado de la cámara de gas, supuso una imagen dantesca: el suelo se levantaba y parecía abrirse literalmente, siendo el hedor insoportable. Por ello, se organizó la exhumación e incineración de aproximadamente 800.000 cadáveres en los alrededores del campo. Existen documentos gráficos que muestran excavadoras realizando estos trabajos. Los Sonderkommandos eran obligados a transportar los cuerpos a las fosas comunes y, posteriormente, a exhumar y quemar estos cuerpos en gigantescas piras.

Durante la revuelta del 2 de agosto, planeada por el último Sonderkommando (temeroso de su inmediata eliminación al comprobar que dejaban de llegar trenes con la frecuencia habitual), algunos oficiales de las SS y guardias ucranianos fueron asesinados. 800 valientes presos judíos entregaron su vida y más de 200 presos consiguieron huir, aunque la mayoría fueron cazados en los bosques cercanos. Aproximadamente unos 70 sobrevivieron la II Guerra Mundial y muy pocos pudieron dar fe de los sucedido.

Todos los edificios fueron arrasados, la tierra removida y plantada con árboles, y se construyó una casa de campo que se entregó a una familia de campesinos ucranianos. Todo rastro de lo que allí había pasado fue eliminado.

No se puede establecer el número exacto de personas que fueron asesinadas, porque sólo se dispone de una parte de los documentos, especialmente lo referente a los transportes por ferrocarril. Pero se estima que entre 800.000 y 900.000 judíos fueron asesinados en el campo de exterminio de Treblinka.

Durante la “Operación Reinhard” (entre marzo de 1942 y noviembre de 1943), se calcula que aproximadamente 1.700.000 judíos fueron exterminados en los campos de Belzec, Sobibor y Treblinka.

En la actualidad, un visitante que no conozca la historia del campo podrá llevarse la impresión de que “allí no hay nada”. Han situado unas traviesas de piedra a modo de vía de tren para simular la llegada al campo, y es posible sentir cómo el corazón se te congela cuando, tras caminar por lo que en su momento fue el “Camino al Cielo”, uno se detiene frente al enorme mausoleo de piedra (situado en el lugar que fue cámara de gas). Caminar en silencio entre los hitos de piedra (que llevan grabados los nombres de las poblaciones judías que fueron aniquiladas) es caminar sobre las cenizas de miles de almas.

Digno museo a la entrada del campo (con una valiosa maqueta, a la que merece la pena dedicarle un buen tiempo). Imprescindible su visita para hacerse una idea de la ubicación geográfica del mismo.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

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