Archivo mensual: marzo 2014

Visita al campo de concentración de Bergen-Belsen

Si está usted planeando una visita al campo y lo que espera encontrar son restos de barracones, la cámara de gas, etc… olvídese por completo de ello. Pero lo que sí le impresionará será la cantidad de restos encontrados, y que son mostrados al visitante en un museo adjunto. Crucifijos, rosarios, dentaduras… uno se queda impactado ante todo aquello. IMG_8575

Bergen-Belsen es un enorme campo abierto, en el que sobresalen algunos montículos o mesetas horizontales, perfectamente formados, de una altura media de 1,60 metros. Estas formaciones, que aparentan no decir nada al visitante, en realidad contienen mucha Historia: la de los miles de personas que allí están enterrados en fosas comunes, sin identificación alguna.

Originalmente, la Wehrmacht convirtió Bergen-Belsen en un campo de prisioneros de guerra (franceses y belgas) que recibió el nombre de Stalag XI C. En 1941 fue ampliado considerablemente para acoger a miles de prisioneros de guerra de la Unión Soviética. Y es a partir de 1943 cuando la SS se hace cargo del campo, convirtiéndolo en un campo de concentración para judíos.

Desde 1944 se utilizó para alojar temporalmente a los judíos procedentes de Bélgica, Holanda y Dinamarca, la gran mayoría en tránsito hacia los campos de exterminio de Polonia (planificados dentro de la llamada “Solución final”).

Las imágenes grabadas durante la liberación de este campo por las tropas inglesas (el 15 de abril de 1945) muestran el terrible estado en el que se encontraban sus prisioneros, así como las inhumanas condiciones del campo. Las causas de la enorme mortalidad fueron el hacinamiento, agravado con el traslado a Bergen-Belsen de los prisioneros evacuados de otros campos (en las conocidas como “marchas de la muerte”), el hambre, el frío y las enfermedades, principalmente una terrible epidemia de tifus.

Apenas unas semanas antes de la liberación del campo, Anna Frank y su hermana Margot, murieron muy probablemente por el tifus. Quien no haya leído su Diario y visitado la famosa “casa de atrás” en Amsterdam… tiene dos deudas pendientes con la Historia. Una lápida de mármol negro simula el lugar donde podrían estar enterradas ambas hermanas.

Se sabe que había una media de 100.000 prisioneros en el campo, pero se desconoce el número de víctimas mortales (que podría rondar entre las 30.000 y 50.000 personas).

Uno de sus Comandantes fue el salvaje Josef Kramer (en los últimos meses), y con apenas 290 miembros de la SS eran capaces de gestionar todo el campo. Aquí se hicieron famosas las guardias femeninas Irma Grese, Hildegard Kanbach, Magdalene Kessel… y tantas otras. Fueron llevadas a juicio al final de la guerra por crímenes contra la Humanidad. Desgraciadamente algunas de ellas consiguieron escapar del peso de la Justicia. El resto fue ejecutado en la población de Hamelín (en Alemania).

Hoy apenas son reconocibles los cimientos de algún barracón y algún conducto de los sanitarios. Para reconocer los límites del campo, han situado en el suelo una fila de piedras a lo largo de lo que, en otro tiempo, estuvo la alambrada exterior.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

https://www.dropbox.com/sh/gj62vbbmfql9bik/daNXWfKjah

Anuncios

Visita al campo de concentración de Mauthausen

No es mi intención hacer una descripción de uno de los campos de concentración más conocidos. Sólo quiero dejar constancia de mis sentimientos, porque éstos no están recogidos en ningún libro o manual. No voy a hablar de prisioneros, ni de guardianes.Mauthausen_002

A la estación de tren de Mauthausen se accede con cierta facilidad, aunque conviene estar atento al transbordo. Desde allí, se toma un autobús que te deja relativamente cerca, siempre y cuando al conductor le hayas caído bien y te avise a tiempo. Desde la estación de autobús, aún queda un largo recorrido, en su mayoría ascendente.

No son pocas las indicaciones que señalan el camino a “K.L. Mauthausen”, pero uno camina con cierta inseguridad, porque no te cruzas con alguien a quien poder preguntar. Los turistas llegan en autobuses. Sobre todo, grupos de escolares que llegan como si se tratase de una visita al Museo del Prado.

En algunos testimonios que he leído, los presos recordaban la eterna subida hasta el campo desde la estación de tren. Puedo imaginármelo. O quizá no. Sólo sé que yo, descansado, con buen calzado y sobrealimentado, llegué con la lengua fuera. Era un día de diciembre de 2010. La nieve cubría todo el campo. Sólo había pasado la máquina quitanieves para facilitar el acceso a los autobuses.

La entrada a la zona de garajes es la más conocida del campo: es de ahí de donde descolgaron el famoso águila con la esvástica que presidía la entrada. Ahora sólo quedan unos hierros solitarios. Caminar en solitario por ese patio es una experiencia difícil de explicar. Ahí fueron tomadas aquellas famosas fotografías con todos los prisioneros desnudos, esperando la desinfección del campo para evitar el tifus. Todo aquello merece un respeto y me da la sensación de estar andando entre miles de almas que aún están allí, invisibles. Allí trabajaban los presos del comando que, sin querer, ayudaron a escapar al preso Hans (ver entrada acerca del libro titulado “El ahorcamiento“).

Recorrido todo el patio, se llega a una escalera que accede a la zona de barracones de la S.S., de los cuales sólo queda en pie uno de ello, el que fue construido de piedra. Los demás, de madera, ya no están. Ahí trabajaba aquel S.S. al que los españoles apodaban “El remolacha“. Ahora, todos los Memoriales de los diferentes países, incluido el monumento a los republicanos españoles, están dispersos por esa zona, como respetándose unos a otros.Mauthausen_087

Y es en ese lugar donde está la entrada principal del campo, aquélla en la que se fotografiaron los americanos en un tanque delante de una gran pancarta escrita por los sobrevivientes españoles dándoles la bienvenida. Tan sólo quedan unos pocos barracones en pie (con sus típicos colores verde y blanco); entre ellos el burdel, la enorme “appelplatz” (plaza central en la que se realizaban los durísimos recuentos de prisioneros) y los barracones más siniestros (con la cámara de gas, los hornos crematorios, la chimenea, la sala de conservación de cadáveres, …).

Uno de esos barracones está en obras. Uno de los lectores de mi blog me comenta que han debido abrir al público una nueva exposición. No puedo describir el disgusto que me supuso ver cómo los albañiles hablaban con toda naturalidad, allí, donde miles de personas fueron hechas cenizas. El más profundo y sentido de los silencios sería, aún, insuficiente.

En un extremo de la plaza central está el famoso rodillo que los presos debían pasar por el empedrado de la plaza.

De ahí, dejé el campo retrocediendo sobre mis pasos y bajé a la carretera. La nieve impedía el acceso a la rampa que une el campo con la famosa escalera de la muerte. Sin embargo, no sabía cuándo volvería a Mauthausen y necesitaba ver la cantera. Así que desanduve todo el camino hacia lo que, supuse, era una de las entradas a la zona maldita de la cantera. Me quedé sin aliento. De repente estaba allí. Solo. Completamente solo.

Si el Infierno está en la tierra… sin duda, el infierno es Mauthausen. En una probeta, me llevé un poco de musgo de una gran piedra situada al comienzo de la escalera. Desde ahí pude ver claramente el muro desde el que lanzaban a algunos presos, llamándoles “paracaidistas“. Ha sido la visita más sobrecogedora de las que, hasta ahora, he vivido.

Todas las fotografías de mi visita al campo están disponibles en la siguiente carpeta:

https://www.dropbox.com/sh/c3va31c9u5m3ky7/3HnE3ZHCDc